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Carta al Director / Una Moderna Democracia Cristiana

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¿Cómo debiese ser? Es la gran pregunta lógica que deberían plantearse todos los militantes demócratas cristianos el primer día del próximo congreso ideológico. ¿Por qué, para qué, cómo y con quién? Son las otras interrogantes que deberían sumarse. Sobre la actual situación del Partido Demócrata Cristiano de Chile ya han corrido ríos de tinta, suficientes como para hacer un compendio y lanzar un libro al mercado. Artículos de militantes se publican cada dos por tres, tratando de buscar respuestas o dar explicaciones de la actual crisis, algunas notables, otras tratando de confundir a ratos para justificar tal o cual posición de lotes respectivos, y así vamos hace tiempo, sumado a otra catarsis de declaraciones de ex militantes tirando dardos contra el partido al que pertenecieron y abandonaron por decisión propia.

¿Y entonces, en qué está la DC? Dando una vista rápida por los medios de comunicación chilenos, y hablando con infinidad de militantes, sencillamente en nada. Prácticamente todos concuerdan en algo: la falta de fraternidad. Pero, ¿qué es la fraternidad? Según su descripción formal, se refiere a un sinónimo de hermandad, de amistad o camaradería, también a una organización de personas que comparten amistad y gustos particulares donde pueden existir diversidad de motivos por los cuales se reúnen. ¿Pero, existe eso dentro de la DC? Y desde ahí, ¿Podría existir fraternidad considerando el solo hecho de que existan “lotes” o facciones internas y se tenga la libertad de cuerpo para declararse abiertamente partidario de alguna de esa infinidad de facciones, sin ningún tipo de rubor ni vergüenza? La respuesta probablemente volverá a ser negativa.

Si trasladásemos la realidad interna de la Democracia Cristiana al Frente Amplio podría quizá caber: un montón de pequeños partidos donde cada uno pertenece de acuerdo a sus intereses personales, que por lo demás es totalmente legítimo. Pero, ¿es lógico que esa misma dinámica se repita dentro de un mismo partido único? La respuesta vuelve a ser la misma. Y es ahí, a juicio muy personal, donde parte y radica el gran problema. Cuando me preguntan a qué lote pertenezco dentro de la DC, la respuesta es siempre la misma: a la Democracia Cristiana. Y no debiese existir más. Desde ahí la interpretación de una unidad, de una fraternidad.

La DC es un partido sumamente intelectual, donde existe muchísima gente culta con una capacidad extraordinaria para desarrollar ideas, esquemas filosóficos y de pensamiento fundamentales para pensar y repensar un Estado y un gobierno. Lo han demostrado durante décadas y nadie puede rebatirlo. Sin embargo, del pensamiento a la acción se ha generado un quiebre notorio, y es el de no haber sido capaz de tomarle el pulso, cual cardiólogo, al país que se estaba transformando frente a sus narices, a un ritmo frenético. Quedarse empantanado en las glorias pasadas de Eduardo Frei Montalva o Patricio Aylwin, en la historia pre, durante y post dictadura y en la inercia de las formas antiguas o ambiguas de opinar y de hacer política, han sido los motivos fundamentales para quedar relegados hoy a un nivel de aprecio y legitimidad poco relevante por parte de los ciudadanos y las familias chilenas, en especial por parte de la juventud que no le corresponde el más mínimo aprecio.

El próximo congreso ideológico de la Democracia Cristiana debiese ser capaz de establecer antes de todo, los necesarios protocolos de camaradería partidaria y hacerlos respetar a rajatabla, y de la mano, a su vez, transparentar un profundo y real análisis de qué ha sucedido con la formación interna. La DC debe encontrar la respuesta a cuál ha sido el gran defecto de su plan de adoctrinamiento para que hoy el partido prácticamente no cuente con una juventud potente, para que no exista ni cuente con dirigentes de primer nivel dentro de la representación del mundo universitario y social. Y segundo, debe puntualizar cuáles han sido las evidentes falencias para que esa misma formación no haya sido capaz de adoctrinar a la militancia en los factores básicos y determinantes de la camaradería y el respeto por el otro, independientemente de sus diferencias ideológicas, porque es demasiado notorio, aunque duela escucharlo.

La instancia de marzo próximo, deberá también evaluar de forma clara los errores de comunicación con la militancia y el electorado, para quienes el partido ha resultado ser completamente ajeno a su diario vivir. La pregunta es como la DC convocará a los jóvenes, a esos cientos de miles de millennials que hoy son la principal fuente electoral del país. Las nuevas tecnologías, las redes sociales, el activismo digital y la tecnopolítica han sido históricamente desestimadas por la Democracia Cristiana, instrumentos cuya generación de opiniones compartidas, que se han transformado en las nuevas verdades, deberían ser hoy una hoja de ruta para sus decisiones y propuestas programáticas frente a los ciudadanos y votantes. Ni militantes, ni simpatizantes ni ciudadanos quieren declaraciones ni comunicados. Lo que ellos quieren es ser partícipes, escuchados y consultados sobre los grandes temas del partido y del país, y así lo hacen saber a diario través de las redes de participación digital.

Si bien es cierto que muchas veces un gobernante debe tomar decisiones impopulares para el bienestar de la ciudadanía, la hiperconexión tecnológica ha transformado de tal forma la realidad que hoy no existe excusa para no consultar a los ciudadanos, o cuanto menos a los militantes que por acuerdo de partido depositan su apoyo en sus personeros para las posturas generales frente a los grandes temas, y también frente a los pequeños, no menos importantes. En ese nuevo contexto, los instrumentos disponibles que ofrece el Big Data y la informatización de los gustos u opiniones deben transformarse en el principal aliado no solo de la Democracia Cristiana, sino de todos los partidos que componen la vida política de nuestro país. Simplemente es la nueva forma de hacer política, y quien no quiera asumirlo, está destinado al fracaso y la desaparición.

En la transformación de la nueva realidad política chilena, hemos visto todos cómo tanto la derecha como la izquierda se han fortalecido. Basta solamente ver los últimos resultados electorales presidenciales y parlamentarios. Aunque muchos gasten energías en hablar de centro izquierda o centro derecha y las probables alianzas de cara a las municipales, en pocas palabras se trata tanto de una izquierda como de una derecha fortalecidas con posturas sumamente claras.

Para que la Democracia Cristiana vuelva a convertirse en un partido de importancia en esa nueva realidad, deben entender la totalidad de sus militantes y la próxima directiva que el partido debe ser un conglomerado del centro político, cuya misión sea proponer proyectos de importancia para el bienestar de los ciudadanos, de las familias chilenas con mucha claridad. Asimismo apoyar al gobierno, sea de Sebastián Piñera o cualquier otro, a mantener una vida administrativa del Estado saludable. Y en tercer lugar, tomar un rol significativo de control y fiscalización de los abusos tanto de la izquierda como de la derecha, aún entrampadas en la vieja forma de hacer política. Eso antes de buscar cualquier alianza, con el partido que sea. Y todo eso debe hacerse de cara a la ciudadanía, de forma transparente y modernizándose en sus bases, poniéndose de lado de los ciudadanos y ciudadanas, y eso quiere decir consultándoles, haciéndolos partícipes. Las decisiones a puerta cerrada deben terminarse de una vez por todas si quieren volver a tener credibilidad, y más importante aún, volver a tener la confianza de las personas, en especial los jóvenes. Esa confianza, tengan la seguridad, se transformarán en votos, y muy fieles. Será la fórmula para el éxito. Si otros partidos y países pudieron hacerlo, nosotros también. Solo resta la voluntad. Ese será el mayor esfuerzo y espero que la DC, por su propio bien, sea capaz de tenerla. La vieja política ya no va más.

Alexis Ceballos

Empresario, Ignaciano y Político PDC

Partido Demócrata Cristiano de Chile

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